En este 2010, que ya casi termina, me mudé a vivir con mi novia a un pequeño piso de cincuenta metros cuadrados. Quién me iba a decir entonces que estaba por llegar mi momento de superhéroe. A mi, que toda la vida me he considerado un antihéroe.
Una mañana, cuando me iba a trabajar, empecé a oír los gritos de una mujer pidiendo auxilio. Mi primer pensamiento fue salir pitando de allí, huir como siempre hacemos los cobardes. El problema de la huída es que me iba a quedar sin saber qué estaba pasando, y eso sí que no, porque como decimos en La Mancha, soy un poco bacín. A eso se sumó que no tenía muchas ganas de ir a trabajar (vamos, como siempre), así que me puse a ver de dónde venían los sollozos. Era en el piso de en frente. A duras penas entendí a la mujer que había dentro, que hablaba entre lágrimas, que se había quedado encerrada en el baño y que por favor la rescatase.
En ese piso vive Ana, una chica joven y simpática con la que había hablado entre una y dos veces hasta ese día, pero la voz que se escuchaba no parecía la suya. Pensé que sería ella porque vive sola y porque tampoco la había escuchado nunca pedir auxilio.
Dudé bastante qué hacer. Llamé a la puerta de nuestra otra vecina; una señora muy mayor que en todo este año no me ha abierto la puerta jamás. Siempre que llamo a su casa, baja el volumen de la tele para simular que no está, la muy jodida. Debe pensar que soy un asesino en serie.
Me di una vuelta absurda por el edificio, intentando encaramarle el marrón a otro vecino, pero mi bloque está medio vacío, y los pocos vecinos que hay o nunca están o nunca abren la puerta, más o menos como la señora mayor de mi planta, así que a pesar de que no me veía en el papel de bombero, me tocó a mi echarle un par. Me puse a pensar cómo coño podía entrar en una casa ajena, y la verdad es que ninguna opción me convencía demasiado. Derribar la puerta, imposible; mi cuerpo se hizo para el pecado, pero no para la violencia. Saltar de un balcón a otro, imposible; soy un acojonado y además mis piernas son más cortas que las de Frodo. Llamar a la policía, mejor no; conociéndolos no iban a venir corriendo, y la chica tenía prisa. Como no se me ocurrían más opciones, volví a la puerta de mi vecina y le pregunté a la afectada cómo podía yo entrar en el piso. Con muy mala hostia me contestó: “¡¡¡Busca una escalera!!!”
Joder, qué humos. Pues no se me había ocurrido, y eso que vivimos en un primero. Me fui al supermercado de la esquina y le dije a un trabajador: “Vengo a por una escalera para colarme a casa de mi vecina, que se ha quedado encerrada”. Se rió en mi cara y me dijo: “Aquí no hay, esto no es el Carrefour”. Le pregunté que si no tenían una para prestarme, pero lo único que dijo fue: “¡Que no hay!” El tío aquel tenía aún menos ganas que yo de ser un héroe.
Seguí con mi búsqueda, dando vueltas por la calle a lo tonto, como si me fuera a encontrar una escalera debajo de una mierda de perro (yo soy así, qué le voy a hacer), hasta que caí que al otro lado de mi edificio hay una empresa de seguridad. Me fui para allá pensando en endilgarles a ellos el rescate, que para eso se dedican a la seguridad. La verdad es que durante un buen rato no me hicieron ni caso. Al principio la chica de recepción me miró como si le hubiese dicho: “Dame todo lo que tengas o te rajo”, pero a los cinco minutos apareció un mozo con una escalera y nos fuimos al rescate de mi vecina.
Al llegar a los pies del edificio, el mozo que traía la escalera hizo ademán de subir él, pero yo lo frené en seco diciéndole: “Subo yo, que si te ve a ti que no te conoce se va a asustar”. Sólo faltaba que después de pegarme más de media hora buscando una escalera me quedase sin llevarme el mérito del rescate. El mozo se quedó sujetando la escalera y yo subí al balcón de mi vecina, que menos mal que estaba abierto, sino menuda gracia. Entré triunfal al piso (menudo piso, mucho más grande que en el que vivo yo) y solté todo orgulloso esta frase triunfal: “Tranquila, ya estoy aquí”. Joder, me sentí como Superman. Lo demás ya estuvo chupao; se había quedado encerrada en el baño porque el picaporte de la puerta estaba suelto y se había caído al suelo del pasillo por cerrar la puerta de golpe cuando entró en el servicio. Lo puse otra vez, abrí la puerta del baño y… No era mi vecina.
Era la señora de la limpieza, a la que no conocía de nada, y estaba llorando como una magdalena. Me dio un fuerte abrazo, parecía que llevase esperando toda su vida, mientras repetía mil veces entre risas y lágrimas: “Gracias, gracias, gracias. Soy claustrofóbica”. Intenté calmarla haciéndome el tío duro, poniendo cara de “Yo rescato a señoras de la limpieza claustrofóbicas todos los días”. Después me quedé sin saber qué decir, a parte de “De nada”, por lo que pensé que mis minutos de héroe habían llegado a su fin y salí del piso cagando leches, esta vez por la puerta.
Al llegar a la calle ya iba haciéndome el chulo, así que con toda la autoridad del mundo mandé al mozo a devolver la escalera y yo me fui a trabajar, aunque tenía aún menos ganas que antes de mi absurdo rescate.
Llegué al trabajo más de una hora tarde. La historia no era muy creíble; pensé inventarme algo como que me había dormido, o que había atasco, pero al final opté por la verdad. Le conté a mi jefe porqué había llegado a esas horas. Me miró unos segundos sin decir nada y luego soltó: “Joder, es la peor excusa por llegar tarde que he oído en mi vida”. Y me puse a hacer como que trabajaba, pensando que por fin entendía cómo se siente Clark Kent. Aunque yo me veo más como el alter ego de Superlópez.



jajajajajajaja me ha encantado tu historia! Además, que aunque parezca mucha casualidad, esta misma semana me quedé encerrada con mi madre en la azotea, las dos solas. Sólo que yo no soy tan histérica, mi madre sí, pero me puse a cantarle la canción “help, ayudame… y tiendeme la mano de un hermano” (8)
Curiosidades de la vida
Eres muy bueno contando historias, asi que creo que me voy a enganchar a tu blog.
Me gusta ese aire sencillo con el que te describes, aunque en el fondo seas realmente un HEROE.
jajaja, esta claro lo que crea a los heroes es la curiosidad, todo lo hacen por cotillas
M.
Yo también soy de los que piensan que el héroe no es vocacional, sino circunstancial.
Enorme Rober, una vez más!!!
Siempre es un placer leerte amigo!!!
De esa historia puede hacerse una película con Jorge Sanz como actor principal.
Seguro que Jorge Sanz estaría encantado además. El papel le viene que ni pintado, la verdad.
Hola
Me llamo Liz, soy administradora de un directorio y tengo que decir que me ha gustado su página El ojo ajeno. Por ello, me encantaría contar con tu sitio en mi directorio, consiguiendo que mis visitantes entren también en su web.
Si estás de acuerdo. Házmelo saber.
Suerte con tu web y que tengas una bonita semana!
Es buenísimo!!!!!
ME ha encantado, me he reido muchísimo Rober! =)