Soy un vago. Simple y llanamente. Yo. El que más, para que nadie se sienta agredido. Me acabo de dar cuenta de que me he merendado el año 2011 y no he conseguido (ni por asomo) ninguno de los propósitos que me marqué, ni tan siquiera los que me puse en los inicios de 2009 o 2010. Hasta ahora tenía una pizca de picardía para no airearlos, me los formulaba a mi mismo sin hacerlos públicos, así nadie me podía reprochar que no los he cumplido. Hoy voy a dar a conocer los que se pueden hacer públicos, los otros me los guardo. De momento. Además, mencionaré algunas cosas que no eran propósitos, pero de las que uno tampoco se puede sentir orgulloso. Allá voy.
Me podría definir a mi mismo como el típico que se levanta cada mañana con la mala conciencia de, un día más, no haberme levantado a la hora que me digo por la noche. Desayuno pensando lo zaino que soy y enseguida se me olvida… hasta que al ponerse el sol vuelvo a estar convencido de que mañana sí que me levantaré antes para aprovechar más el día (¡JA!).
Tengo trabajo, pero fantaseo con que cualquier día voy a ser la leche, que voy a ganar una pasta por hacer lo que más me gusta, pero no muevo ni un dedo para ello. Me chifla pensar que soy especial, que tengo algo que los demás no tienen y que en cualquier momento va a venir alguien a mi casa y me va a decir: “Eres bueno, tío. Vengo a buscarte para ofrecerte el oro y el moro, precisamente a ti que estás todo el día tocándote los genitales”.
Como la nota escatológica nunca pueda faltar en una confesión, os diré que en este año, tampoco he conseguido erradicar esa vieja costumbre que tengo de, de vez en cuando, tirarme un pedo más fuerte de la cuenta y tener que ir corriendo a cambiarme de calzoncillos. Me consuela saber que sólo yo soy lo suficientemente estúpido como para reconocer esto, pero no el único al que le pasa. La sensación de ver que te has cagado mientras vas a trabajar y tener que volver a casa, pasar por boxes y volver a salir a la calle. Eso es en cierto modo una forma de vivir al límite…
También me propuse hacer más ejercicio y de paso adelgazar un poco, que no me vendría mal el llevar una vida más sana. Según el reconocimiento médico de mi empresa, estoy a punto de tener colesterol, así que más me vale comer mejor y hacer más deporte del que hago hasta ahora, que se resume a ver los partidos del Madrid por la tele cerveza en mano.
En mi cuarto había una bicicleta estática a la que me he subido dos veces en un año. No sé cómo, pero mi novia accedió a traernos la bici al piso de cincuenta metros en el que vivíamos hasta hace unos meses, a sabiendas de que para lo único que serviría es para colgar la ropa y para darse porrazos con ella cuando uno llega borracho. Se la cambié a un amigo mío por un sillón que me encontré un día en la calle. Yo a él lo he visto en el sillón muchas veces, él a mi encima de la bici aún no me ha visto… ni me va a ver. Estoy pensando en tirarla, pero pesa mucho y hace falta voluntad para sacarla del piso. Al menos ahora ya no la tengo en mi dormitorio y es más difícil que me choque con ella cuando me paso de frenada con el whisky; la razón es que hace unos meses nos mudamos a un piso algo más grande, con dos baños y dos habitaciones. Y sólo vivimos dos personas en él. ¿Que por qué nos mudamos a un piso más grande y más caro? Pues supongo que por chulería, porque ganar ganamos lo mismo o incluso menos.
Antes he dicho que sólo vivimos dos personas en el piso, pero en total somos cinco seres vivos los que estamos allí metidos; dos personas, dos plantas y un perro. Dalton, que es como se llama el nuevo rey de la casa, es un cachorrillo que fue abandonado con sólo dos semanas de vida. Un compañero de trabajo, con mucho dinero y poco corazón, lo iba a acoger pero finalmente decidió abandonarlo. Lo único que hizo por él fue comprarle un trasportín de piel de cocodrilo que nosotros, en el momento de la acogida, decidimos desechar. Al fin y al cabo el pobre perro no tiene porqué soportar humillaciones gratuitas. ¿O es que a vosotros os gustaría ir metidos en esa horterada?
El perro ha sido el único que me ha conseguido sacar a una hora decente de la cama. Si no fuera porque a las ocho de la mañana se pone a llorar porque se está cagando, yo seguiría durmiendo hasta media hora antes de irme a trabajar. Así que, pensándolo bien, ahora gracias a él aprovecho más el día, pero el mérito es suyo y no mío, con lo que tampoco me lo puedo atribuir.
También me dije que en este 2011 actualizaría el blog más a menudo, cosa que no ha sucedido, de hecho este año ha sido el más flojo en cuanto a nuevos post (he subido cuatro contados) y que incluso me apuntaría a inglés para perfeccionar. Lo de usar el verbo “perfeccionar” es una forma que tenemos los cachondos de decir “aprender”, para que así parezca que un poquito sí que controlamos.
Estoy escribiendo esto mientras veo el sorteo de Navidad, en el que, como cada año, no creo que me toque ni un duro. Como buen español, centro mis esperanzas en la remota posibilidad de que me toque la lotería, en lugar de currármelo cada día un poco más, que es lo que debería hacer. A lo único que aspiro en lo que queda de año es a intentar comer y beber lo mejor que pueda. A todos los que, como yo, no han cumplido ninguno (o casi ninguno) de los objetivos que se habían marcado, les animo a hacer lo mismo. Ya si eso los propósitos los dejamos para enero, que para no cumplirlos, tiempo hay en todo el año.
¡Felices Fiestas!












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